Iglesia de San Salvador 2017-07-16T13:55:46+00:00

Iglesia de San Salvador

Ubicada en la parte más elevada de la población, junto al castillo, está construida en sillares de piedra que muestran el inexcusable tránsito del tiempo en el considerable deterioro que manifiestan exteriormente.

El esquema espacial que se aprecia en este edificio, después de la importante reforma que sufrió durante el Renacimiento, no deja de ser llamativo, puesto que lo primero que se distingue es que no sólo no se aumentó la superficie interior sino que esta quedó disminuida al eliminarse el espacio correspondiente a la nave lateral izquierda. Tiene, por tanto, una planta muy irregular, fruto de la transformación, de forma rectangular, constando de una sola nave distribuida en dos tramos, provista de testero recto por el interior, aunque con ábsides románicos externos, tres capillas laterales en el lado del Evangelio (una hace las veces de falso crucero), sacristía junto a la cabecera y coro en alto, a los pies, con testero de madera, cubriéndose el sotocoro con techumbre adintelada sustentada por vigas de madera.

Sin embargo, la iglesia románica del Salvador fue totalmente distinta, y seguramente una de las más importantes de las Cinco Villas. Tenía planta basilical de tres naves, como en Sos del Rey Católico y en Murillo de Gallego, probable mente distribuida en tres amplios tramos más la capilla mayor, con triple terminación absidial en la cabecera, que subsiste íntegramente, pues aunque desde el exterior sólo se distinguen los ábsides correspondientes a los lados central y derecho, también se ha conservado el izquierdo, al que se accede desde la sacristía, visitándose también desde aquí la zona interior del ábside central, oculta tras el tabique rectangular levantado en el siglo XVI para poder sustentar las bóvedas. Es muy probable que originalmente hubiera tenido capillas laterales en arcosolio, pues se han conservado en los tramos que preceden al presbíterio sendos arcos encajados en el muro, posiblemente utilizados para esta función.

Al igual que los edificios citados de Sos del Rey Católico y Murillo de Gallego, la iglesia parroquial de Luesia se erigió sobre una cripta, rescatada entre 1972 y 1979 por los vecinos del pueblo dirigidos por el párroco D, José Luis Lobera Salvo (+), debido a que durante las transformaciones que experimentó la parroquia durante el siglo XVI había quedado completamente cegada por los escombros. Consta únicamente de dos naves, pues la correspondiente al lado izquierdo, o del

Evangelio, no se pudo fabricar por topar con la roca de la montaña sobre la que se alza el castillo, ambas con terminación en hemiciclo, como en la iglesia superior. La nave derecha conserva en el ábside una columna completa, cuyo capitel está decorado con esquemáticas palmetas; también conserva las basas de otras tres columnas (sus fustes han sido reconstruidos en cemento), adosadas a la pared, y un ventanal abocinado con derrame interno. La nave central de esta cripta tiene dos tramos, uno correspondiente al ábside, oculto tras un tabique construido en el siglo XVI como soporte del muro superior de la iglesia, y otro que le precede. Conserva la basa de una columna que ha permitido reconstruir otras tres en cemento. Durante la restauración se fabricaron arcos de medio punto en ladrillo, apeados en las columnas, cual si fueran nervios de refuerzo para supuestas bóvedas de arista, intentando reconstruir las cubiertas que habían quedado completamente destruidas, empresa loable por el esfuerzo que supuso, aunque es difícil saber corno estaba cubierta, Es probable que tuviera bóvedas de cuarto de esfera en los ábsides y de medio cañón o de arista en el tramo que precede al ábside central. En la puerta que comunica las dos naves de la cripta hay un sillar de piedra con la siguiente inscripción: DONA lATAE, que se tiene por lápida de la sepultura existente junto al altar, pues se ha comprobado que dicho enterramiento corresponde a una mujer.

La iglesia superior tiene un alzado interno que no permite ver las huellas que la construcción románica dejó impresas en el edificio, por el contrario, los elementos arquitectónicos conciernen ala reforma del quinientos, de forma que los muros suben lisos, sin ofrecer decoración alguna, cubiertos por un enlucido de yeso, pintado con geométricos dibujos. Sobre ellos cargan directamente las cubiertas, que son bóvedas de crucería estrellada en los dos tramos de la nave, cuyos nervios cargan sobre ménsulas, estando separados por arcos fajones de medio punto. Un arcosolio de medio cañón con casetones clásicos cierra la capilla mayor; una techumbre de madera, la capilla del Santo Cristo; bóveda de crucería simple, la capilla de San Jerónimo; bóveda de crucería con combados, el falso crucero; y finalmente, bóveda de crucería con terceletes, la sacristía.

Tras el retablo mayor, tal y como se ha indicado, hay un muro de piedra que oculta el ábisde principal, mostrando por dentro una galería de arcos ciegos decorativos, apeados en columnas, que exhiben capiteles lisos. Por encima de ellos corre una imposta adornada con ajedrezado.

Por el exterior no ha perdido todavía el primitivo espíritu románico, aunque los muros fueron recrecidos en el siglo XVI para dar mayor altura a la nave por el interior, lo cual desvirtúa ligeramente el sistema de proporciones de la obra originaria. Tiene contrafuertes, no muy vigorosos, y conserva en buen estado los tres ábsides románicos, aunque por fuera sólo se vean los del lado de la Epístola y del Presbiterio, como ya se ha indicado, que suben dos alturas, pertenecientes a la cripta y a la iglesia superior. En los ventanales superiores, que son abocinados y tienen derrame interno, hay columnas acodilladas muy sencillas cuyos capiteles exhiben decoración vegetal muy deteriorada.

Actualmente se accede al interior a través de la portada abierta en el muro de los pies (oeste), pero conserva también una segunda puerta que fue tabicada en la reforma quinientista, ubicada en el muro de la Epístola (sur).

La portada oeste es una pieza románica de gran similitud con las de Ejea de los Caballeros, Biota y Agüero (Huesca), aunque se halla muy deteriorada. Abierta en arco de medio punto, doblado por arquivoltas lisas (aunque los arcos en retirada tienen lineas en zig-zag), presenta tímpano decorado con la representación de Cristo en Majestad, o Maiestas Domini, envuelto en mandorla y rodeado de los símbolos de los cuatro Evangelistas que componen el Tetrarnorfos: león (San Marcos), ángel (San Mateo), águila (San Juan) y toro (San Lucas). Este tímpano apea en ménsulas que también exhiben decoración figurada, siendo la de la izquierda una cabeza monstruosa que puede representar al mal o al demonio, mientras que la derecha, con idéntica cabeza, tiene la particularidad de que exhibe junto a ella a una figura masculina en actitud de clavarle una espada, quizá indicativa del triunfo del bien sobre el mal.

Cargan las arquivoltas de esta portada sobre columnas, cuyos capiteles exhiben magníficas esculturas que podrían contarse entre lo mejor de la misma. Los episodios narrados en ellos, comenzando por el exterior del lado izquierdo son: en primer lugar, el Nacimiento de Jesús; a continuación, el Anuncio a los Pastores; en tercer lugar, el Anuncio a los Magos; y finalmente, la Expulsión de Adán y Eva del Paraíso. Los capiteles correspondientes al grupo de la derecha, comenzando ahora por el interior, aluden a la historia de los Magos, secuenciada de la siguiente manera: los Magos camino de Oriente, en el primero; presentándose ante Herodes, en el segundo; la Epifanía, en el tercero; y el Sueño de los tres Reyes Magos, en el último.

La gran calidad de estas imágenes contrasta con su notable deterioro, lo que ha motivado su infravaloración con respecto a otras portadas románicas, sin embargo Abbad Ríos ya señaló que estos capiteles guardaban relación con los de Ejea de los Caballeros y su tímpano con el de Sos del Rey Católico. Y aunque no apreciamos parecido con Sos del Rey Católico, nos parece que la relación con Ejea de los Caballeros es incuestionable, no sólo desde el punto de vista iconográfico, resaltado por la importancia concedida al ciclo de los Magos, sino también por razones estilísticas, todo lo cual permite atribuirlas al círculo de artistas presidido por el «Maestro de Agüero» que tan admirablemente dejó su impronta en tierras cincovillesas.

Toda ella se encuentra protegida por un atrio construido en el siglo XVI. Es de planta cuadrada y se cubre con una techumbre arquitrabada. Exteriormente tiene una puerta de piedra, abierta en medio punto y decorada en el extradós con casetones y molduras mixtilíneas barroquizantes, pues seguramente fue modificada en el siglo XVIII, advirtiéndose que el arco renacentista original era ligeramente más alto y estaba encuadrado por pilastras rematadas con pináculos y bolas de tipo escurialense, quedando las enjutas adornadas con discos. Este atrio tuvo un segundo arco de acceso, en el lado derecho, que fue tapiado durante la remodelación barroca, cuya estructura y decoración son idénticas a las de la puerta actual.

La portada sur, tabicada durante la reforma renacentista de la iglesia, es menos rica en decoración, debido quizá a los influjos cistercienses que ya fueron señalados por Abbad Ríos al hacer su descripción, Es una pieza románica abierta en arco de medio punto, que está doblado por cuatro arquivoltas lisas apeadas en otras tantas columnas, cuyos capiteles exhiben esculturas a base de temas vegetales, excepto el interior de la derecha, que tiene una escena figurada, muy difícil de identificar, en la que dos ángeles conducen a una figura femenina a un lugar impreciso. El tímpano tampoco tiene decoración y apeaba originariamente en salmeres volados y completamente desornamentados.

Muy cerca de esta puerta, por encima de la línea de cubiertas del edificio, hay una espadaña renacentista, también ejecutada en el quinientos, dado que la iglesia no tiene torre. Sube dos alturas y se compone de cuatro huecos para las campanas, distribuidos en grupos de dos en cada piso; remata un frontón triangular coronado por pináculos y bolas escurialenses, como en la fachada.

La cronología de esta iglesia resulta muy imprecisa al no existir documentos que den luz para su datación, como ocurre para la iglesia de San Esteban. Abbad Ríos dato la cripta hacia 1075, indicando más tarde que la iglesia es del siglo XII y las portadas de los primeros años del siglo XIII; desde entonces no se ha discutido su cronología. Sin embargo, una lectura atenta de los ábsides por el exterior permitiría deducir que tanto el correspondiente a la cripta como el de la iglesia superior son idénticos en su forma y en sus características de estilo, razón por la cual creemos que no se pueden disociar y hay que datarlos conjuntamente. Desde nuestro punto de vista, y dado que el ábside central exhibe por el interior arcuaciones ciegas, como en Santa María de Uncastillo, siendo posible, incluso, que la cripta también las tuviera, pues las columnas adosadas a la pared no servirían para sustentar los nervios que refuerzan las bóvedas, sino arcos ciegos decorativos, como en el ábside superior, creemos que se trata de una construcción de mediados del siglo XII. Fechar las portadas resulta menos problemático, puesto que si las relacionamos con el «Maestro de Agüero» deben corresponder indudablemente a los últimos años del siglo XII o los primeros del XIII.

Muy importante fue la reforma que tuvo lugar en esta iglesia durante el siglo XVI, puesto que desapareció por completo el edificio románico por el interior al eliminarse las naves laterales y sustituirse las bóvedas, principalmente, quedando desde entonces su única nave descentrada con respecto al eje románico, Abbad Ríos dató esta remodelación hacia 1530 y, posteriormente, otros autores la han relacionado con D. Hernando de Aragón y la fecha de 1546, por la leyenda que hay en la antigua puerta de acceso al castillo, puesto que está documentada la relación de la villa con el prelado aragonés. La portada del atrio, sin embargo, parece más tardía y de finales del siglo XVI, reformada posteriormente en el siglo XVIII.

Retablo mayor

En el presbiterio de esta iglesia luce otro importante mueble artístico, el retablo mayor, pieza romanista datable en los primeros años del siglo XVII, tallada en madera; policromada y sobredorada. Su distribución en alzado se compone de sotabanco, banco, cuerpo de tres calles, con dos pisos las laterales y uno sólo la central; delimitadas por cuatro columnas corintias, sobre pedestales; provistas de fuste estriado que tiene desarrollo en espiral en su tercio superior, y ático, también de tres calles, coronadas por frontones triangulares y partidos en el centro. Tiene decoración vegetal en el guardapolvos y geométrica en el sotabanco, y guarda diversas tallas en bulto redondo y en mediorrelieve que se citan a continuación. En el sotabanco, medallones decorativos y escudos laterales de la villa de Luesia. En las casas laterales del banco hay dos relieves de la Oración en el Huerto y Jesús camino del Calvario, interrumpidas por los plintos de las columnas en cuyo frente figuran los evangelistas: San Marcos, San Juan; San Mateo y San Lucas. En la calle central del retablo hay una bella imagen en hornacina del Salvador; titular de la parroquia. En la calle lateral izquierda dos relieves de la Resurrección y la Transfiguración en el Monte Tabor, mientras que en la derecha corresponden a las escenas del Noli me tangere y la Ascensión. En los pedestales de las columnas figuran los cuatro Padres de la Iglesia: San Ambrosio, San Gregorio Magno, San Jerónimo y San Agustín. En el ático, donde consta la fecha de 1679, grupo central con el Calvario y esculturas de bulto de Moisés, San Pedro, San Pablo y David, coronando el Padre Eterno rodeado de las Virtudes Teologales (Fe, Esperanza y Caridad) y acompañado por angelotes.

Cristóbal Pellejero lo atribuye a Gaspar Ramos, escultor de Sangüesa, quien lo ejecutaría hacia 1630, no correspondiendo por tanto a la fecha anteriormente señalada de 1679, que con toda seguridad es excesivamente tardía para las formas de este retablo, pudiendo corresponder al momento en que se le dió policromía

Ante la mesa de altar correspondiente a la capilla mayor hay un frontal de madera sobredorada; con forma de urna, rococó y de mediados del siglo XVIII, decorado con rocalla, cabezas de angelotes y tres cartelas con relieves de San Roque, El Salvador y San Sebastián; fue realizado en Jaca.

Púlpitos

A la izquierda del altar mayor; un púlpito, utilizado como ambón, procedente de la ermita de la Virgen del Puyal; es una obra de madera tallada y policromada, con tallas barrocas de tipo vegetal, muy abultadas, que lo datarían en la primera mitad del siglo XVIII.

El púlpito existente en el lado del Evangelio es una obra de piedra tallada y policromada, manierista y de fines del siglo XVI, que tiene forma hexagonal y decoración geométrica, siendo lo más destacable el apeo de toda su estructura sobre una columna abalaustrada de orden jónico.

Retablo de San Lorenzo

En el recinto que hace las veces de falso crucero, doblando hacia la izquierda, podrán contemplarse tres retablos, siendo el primero el de San Lorenzo, fechado a mediados del siglo XVII, aunque muestra todavía algunos aspectos que lo identifican con una obra de transición hacia el primer barroco, esta tallado en madera y sobredorado, componiéndose de banco, un piso de una sola calle con columnas corintias de fuste estriado y en zig-zag, sobre plintos, y ático delimitado por pilastras que están flanqueadas por volutones. Contiene en el banco cinco pinturas, al óleo sobre tabla, de cierta calidad (han sido limpiadas recientemente), representando a Santiago apóstol, San Mateo, la Virgen del Pilar, San Pedro y santa sin atributos martiliales; en el cuerpo principal, un medio relieve con la escena del martirio de San Lorenzo; y en el ático, otro cuadro, de Santa Teresa de Jesús en éxtasis, representada en el momento en que el ángel le clava el dardo inflamando su corazón de amor divino, según la iconografía difundida por la célebre escultura de Bernini. Tiene la siguiente inscripción en la parte superior del plinto izquierdo: ESTE RETABLO HIZO LORENZO GAZO. ANO 1660.

Retablo de Santa Bárbara

A continuación del anterior está el retablo de Santa Bárbara, romanista y de finales del siglo XVI o principios del siglo XVII, cuya mazonería, de madera tallada, policromada y sobre-dorada, compone una estructura singular, por lo extraña, formada por un banco de dos casas; cuerpo principal de dos pisos, siendo el inferior de dos calles y de tres el superior, ambos flanqueados por columnas corintias cuyos fustes están estriados en espiral; y ático delimitado lateralmente por volutones y pináculos herrerianos. Hay en el banco tres lienzos pintados al óleo de Santa Teresa de Jesús, San Pedro Arbués y San Francisco Javier (hubo otro más en el pedestal izquierdo de la columna, pero ha desaparecido). Subiendo al primer piso, se encontrarán esculturas en hornacinas de San Roque y San Sebastián y más arriba, a la titular, Santa Bárbara, también en hornacina, custodiada por dos lienzos de San Blas y San Antonio de Padua, ambos semiocultos por dos angelotes que se les anteponen, cuya colocación, sobre las molduras del frontón partido; recuerda a las imágenes miguelangelescas de las tumbas mediceas. Un bajorrelieve de San José con el Niño culmina este retablo en el ático. En la parte frontal de los dos pináculos consta la fecha: ANNO 1681, que de ninguna forma tiene que ver con su primera fábrica, pudiendo pensarse en las fechas de su policromía o, quizá, cuando se le añadieron los dos volutones laterales de apariencia más barroquizante.

Retablo de la Virgen del Rosario

Antes de entrar en la sacristía citaremos al tercer y último retablo de este parte del recinto parroquial, dedicado a la Virgen del Rosario, provisto de mazonería tallada en madera, policromada y sobredorada, interesante pieza de transición hacia el primer barroco fechada a mediados del siglo XVII. Dibuja una estructura formada por el banco, un cuerpo de tres calles, delimitadas por columnas corintias de fuste estriado y en zig zag, y remate en mediopunto, conjuntando una armoniosa decoración geométrica de tipo tardorromanista con lienzos de apariencia naturalista y tenebrista, ya barrocos. En el banco hay tres pinturas, al óleo sobre lienzo, de San Francisco de Asís recibiendo los estigmas, la Adoración de los Pastores y San Antonio de Padua; en el cuerpo del retablo, hornacina central con talla moderna de la titular y nuevas pinturas de San Juan Bautista y Santa Quiteña, en la calle lateral izquierda, y de San Diego de Alcántara y Santa con palma de martirio, en la derecha; y finalmente, en el rema-te, otro lienzo de Santiago Apóstol flanqueado por volutones. Arriba, el Padre Eterno. En la moldura que cierra el mediopunto corre la inscripción: ESTA CAPILLA HIZO JUAN DE ISUERRE. ANO 1662.

Retablo de la Virgen del Pilar

Realizado hacia 1726, según datos del archivo parroquial facilitados por el párroco de la localidad. Se trata de una exhuberante pieza barroca, tallada en madera y sobredorada, que está compuesta por un cuerpo de una sola calle, flanqueada por estípites, y ático, todo con abundantes y exaltadas tallas vegetales como decoración. Contiene un lienzo, pintado al óleo, representando a la Virgen del Pilar en el momento de su aparición al apóstol Santiago y a los siete convertidos, relacionable con la obra de algún pintor aragonés de la época, muy especialmente con Pablo Raviella. En el remate hay figuras de angelotes portadores de cartelas con la inscripción: EGO SUM FLOS CAMPI, flanqueando a una cartela central con el anagrama mariano A. M.